Suelo poner chocolates
debajo de nuestro retrato
ese que llenaste de corazones kitsch/ sin miedo ni vergüenza
los dejo ahí como ofrendas
(los dioses del amor son caprichosos)
como vulgares sucedáneos de tu dulzura
y ahora que las llaves de tu casa
cuelgan de mi llavero creo
que entraría a mirarte mientras dormís
como Edward a Bella
pero él era un acosador legitimado y vos
tenés insomnio
-te despertarías a la primer vuelta de llave-
y eso no estaría demasiado mal creo
quizás después cogeríamos como conejos
hasta que el amanecer nos haga detestar el reloj
lo mismo nos pasa con el atardecer
y con el anochecer
los relojes se vuelven sosos al lado tuyo
-le ganás a mi tiempo-
quisiera destruir cualquier elemento
que contabilice el paso de las horas cuando estoy con vos
cómo se atreven me digo
a ponerle números a lo inasible
no te preocupes amor voy a devolverte las llaves
la próxima vez que nos veamos
que ojalá fuera ya mismo en este momento
ojalá estuvieras sentada sobre mí mientras escribo
y entonces no escribiría nada de todo esto
qué suerte tengo
mirá todos los poemas
que últimamente no escribí.