a Xar.
cuatro sanguchitos en un táper que eran
la medida del amor o
el tamaño de un hogar o de tu corazón que hacía
las veces de uno
había que cruzarse de un teatro al otro para besarse
como en las películas, de-un-teatro-al-otro
y me pregunto
si por un instante no tuvimos
la vida que soñábamos
en tu trabajo tu jefe que era como un padre
o como un maestro
en el mío
mi jefe que era tremenda marica y nos contaba sus garches
la escalera como lugar habitual sobre el cual posar nuestros pies
y nuestra esquina en común para traficar comida
que era lo mismo que traficar amor
cuando trabajás de noche
y alguien a quién amás trabaja de noche también
entonces hay una lengua común
una manera de vivir que se hace en común
unos dátiles con pasta de maní a las doce de la noche
o un estoy saliendo a las dos de la madrugada
y un esperame que en quince salgo
y una caminata por las calles vacías de la ciudad
las bicicletas siempre en la mano
siempre siempre en la mano
puedo acordarme de tantas caminatas-con-vos-bici-en-mano
el fondo se recorta y cambia
como figuritas intercambiables
diferentes ciudades
diferentes países
diferentes climas
diferentes horarios
pero pasan los años
y sigo coleccionando caminatas de esas
conversaciones de esas
esas que se parecen a un hogar o a tu corazón
y ahora que ya no trabajamos esquina con esquina
ahora
que no vivimos en el mismo país
ni siquiera vivimos en el mismo continente
ahora que ya no tenemos más
la vida que soñábamos
ahora que hemos quemado los relatos que nosotrxs mismxs
fabricamos
ahora que hemos quemado nuestros cuerpos
nuestro corazones nuestro hogares
ahora que somos grandes
seguimos caminando bici en mano
con comida en la mochila
porque la mochila es el hogar que se lleva encima
-y eso lo aprendí de vos-
seguimos encendiendo conversaciones como fósforos
para mí
la palabra hogar ya no existe
después de que la quemamos.
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