Querido invierno:
Siento haberte abandonado. Hacía tanto frío que los dedos se me congelaban si los sacaba para escribir. No es verdad. Lo que sí es cierto es que la boleta del gas aumentó diez veces su valor. También es verdad que aprendí a calentar mejor la cama y a moverme en el lugar cuando el frío adormece los pies. Lo que también es (in)cierto es que subí a un tren y ahora voy por las vías. El paisaje que veo desde la ventanilla es bueno.
Cruzo los dedos.
No siento nostalgia por el frío perdido, aunque eso tampoco es verdad.
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